Anna Cabrera Vivanco

Anna Cabrera Vivanco

Nací en La Habana, Cuba, el 14 de octubre de 1950, en el seno de una familia de la clase media alta, lo que me posibilitó cursar estudios en el prestigioso colegio privado de St. George school, donde concluí mis estudios primarios. A los seis años de edad, quedé huérfana de madre, y mis abuelos maternos se encargaron de mi educación. Sería precisamente mi abuelo: El doctor Julián Vivanco (médico, historiador y miembro honorífico de la Academia de Ciencias de Cuba) el primero en inocularme desde muy chica el germen de la lectura, leyéndome en sus ratos libres pasajes del Quijote, de la Biblia, y Las Mil y Una Noches, que eran mis predilectos. A los doce estaba enamorada de Shakespeare, a los 14 tuve mi primer affair con los clásicos españoles y la generación del 98. Luego escalé a la “Montaña Mágica con Thomas Mann, flirtee con el Conde Bronski de Tolstoi, y terminé poniéndole cuernos a Darío y a Neruda con nuestro José Martí al que juré fidelidad eterna. La lectura se convirtió en una adicción (primero que el cigarrillo) y escribir en una necesidad vital.

Al cursar el Preuniversitario, tuve que cumplir las arduas jornadas de tres meses de trabajos productivos que la Revolución nos imponía anualmente a los estudiantes, que teníamos que laborar en las zafras tabacaleras, azucareras o cafetaleras. La hierba me provocaba urticaria, le hacía alergia a los mosquitos y los fertilizantes, me enfermaba de tristeza porque extrañaba mi casa y la presencia del mar, pero me sobreponía, y superaba las crisis de mis ataques de asma, porque sabía que si no cumplía con este requisito “ideológico”, no podría optar por la universidad, y yo no tenía otra meta y otro sueño que el de hacerme periodista y conseguir ganarme una plaza en un diario Nacional. Así que escalé la colina de la Universidad de la Habana, y me gané un puesto en la redacción del diario Juventud Rebelde donde trabajé como reportera, articulista y redactora.

En la difícil década de los 90, abandoné mis trabajos periodísticos y me dediqué a incursionar en la narrativa. Los trabajos investigativos y biográficos en los que colaboré con mi abuelo, me habían dado ya algo de experiencia, y condicí mis pasos a la mansión del Vedado habanero donde residía la poetisa cubana Dulce María Loynaz, Premio Cervantes 1992. Me presenté ante ella con un ensayo biográfico titulado: Delmira Agustini, El Misterio de la Sacerdotisa de Eros, basado en la vida y la obra de la famosa poetisa uruguaya, trágicamente desaparecida a los 26 años. No fue fácil mi debut con Dulce María: Presidenta de la Academia Cubana de la Lengua, y miembro de la Real Academia Española, galardonada con el más alto premio de las letras castellanas, era por así decirlo la gran Dama de América, y por si esto no bastara, era ya una anciana nonagenaria, reacia a las entrevistas, y que encima se enorgullecía de ser: “Dulce, sólo de nombre”. Fue el espíritu genial de la uruguaya el que me abrió definitivamente las puertas de su casa para iniciar un trabajo conjunto de dos años que culminó con mi libro: La Voz del Silencio. A partir de ese momento me convertí en su primera y única biógrafa y lo que es mucho más importante para mí: de la empatía que logramos en el trabajo, nació una amistad que nos unió hasta el final de sus días. La Voz del Silencio, se publicó en Cuba en diciembre del 2000. Se convirtió inesperadamente en un éxito editorial. Las ediciones se agotaron y fue declarado el mejor libro del año, en la feria Internacional del libro de La Habana 2001.

Actualmente trabajo como articulista y conduzco la página literaria de la revista Cuba democracia y vida, que se edita en Suecia. “Relojes del Alma” fue mi primera incursión en la novela. Fue además un parto complicado y doloroso, no sólo por ser el espejo de mi propia realidad social, sino por las múltiples mutilaciones que sufrió para poder sacarla de Cuba, y los riesgos que corrió mi hija para rescatar y traer a España los muñones, que tuve que insertar tratando de no quebrar el hilo de la trama, ni resquebrajar la estructura inicial. Recientemente he terminado “Las Cien Voces del Diablo”, (novela de ficción) y estoy como de costumbre: “en las nubes” remontando el vuelo para iniciar la tercera.
 

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Bibliografía completa

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Editorial de Ciencias Sociales, 2000